El jueves pasado tuve la suerte de que me invitasen a una Jornada plena de conferencias interesantes. Esta mañana, mientras guardaba el libro que había generado el encuentro, me he planteado qué frase resaltaría yo de todo lo que allí se dijo. Y creo que sería una de Stephen Downes, que vino a decir algo así como “un cirujano del siglo XVIII en un quirófano del siglo XXI no sabría probablemente, ni dónde está… pero un profesor del siglo XVIII en un aula del siglo XXI, podría dar clase sin ninguna dificultad”.
Así, de entrada, no os planteo si me parece bueno o malo… pero estaréis de acuerdo conmigo en que es, cuanto menos, raro.
Podréis decirme que hay cosas que no deben cambiar, las ruedas siguen siendo redondas. Vale. Pero la educación no es una cosa, es un servicio, y me pongo a pensar y no se me ocurre ninguno en el que la figura de la persona que se encarga de ejercerlo no se encontrase desubicado actualmente… ni siquiera con la mayoría de contenidos que le tocaría impartir. A mí me preocupa.
Y en estas andaba yo, preocupada, cuando me llegó un vídeo sobre ello (gracias a la generosidad twittera de Paz Garde), y pensé que podría dejarlo aquí, y que vosotros opinaseis.
La cosa es grave. Mi hijo ya ha salido (con unos esfuerzos que no deberían haber sido necesarios) del pozo de la educación obligatoria. Ahora se enfrenta a otros problemas… un poco más pequeños, la Universidad mejora el panorama, aunque tampoco mucho.
Hace poco tiré una maravillosa flauta dulce, en vista de que el niño no parece que vaya a ser flautista. Era toda ella una asignatura. No aprendió a valorar la música clásica, ¡pero hacía escalas con la flauta que daba grima oírlo al pobrecillo!
Y como eso, podría contar y no pararía… aunque espero que comprendáis que lo más sangrante fue el período Hammelin, que yo siempre interpreté como una venganza personal de la tutora, que no entendía como a las reuniones de padres, en el caso de mi vástago fuera siempre él, el padre, tal y como pedía la convocatoria… y no la madre (decidimos que mejor me quedaba yo en casa, no fuera que expulsasen a la criatura por mi culpa… cuestiono los temarios y eso no es lo que se espera que haga una madre en ninguna reunión de ningún tipo). Por cierto, que mi marido era feliz yendo a aquellos festejos y me consta que alguna vez incluso le tiraron los tejos… pero siempre he pensado que está conmigo mayormente porque le hago reír, y no veía yo demasiada competencia en aquel círculo, así que ni me preocupé.
En fin, que no os doy más la tabarra, os cuelgo el vídeo y, de verdad, espero vuestros comentarios… a ver si aprendo algo, que hay quien dice que soy una catastrofista educativa, pero es que a mí me parece que lo que se dice en él es meridiana y lamentablemente cierto.
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